LA HABANA.- El papel de interlocutor que el Gobierno cubano concedió a la Iglesia, por primera vez en medio siglo, despertó una cautelosa esperanza de liberación de presos políticos. En un hecho inusual, el diario oficial Granma publicó ayer declaraciones del cardenal Jaime Ortega, que luego del encuentro que mantuvo el miércoles con el presidente Raúl Castro, en el que abordaron la cuestión de los presos políticos y otros temas, proclamó una nueva era en la relación mutua.
Según el Episcopado, Castro y Ortega coincidieron en que la cuestión de los prisioneros es de interés mutuo, pero que un eventual cambio de escenario sería gradual. La del miércoles fue la primera audiencia que Raúl concedió a la jerarquía eclesiástica desde que relevó a su hermano Fidel hace cuatro años. Se produce en tiempos de crispación por la crítica internacional a la situación de los derechos humanos en Cuba y de mayor actividad de la oposición. Hace tres semanas, la Iglesia había logrado que el Gobierno permitiera a las Damas de Blanco reanudar sus marchas en reclamo de la libertad de los presos, sin ser hostigadas. "Tenemos esperanza en la negociación y si hay liberaciones podríamos esperar que la Iglesia siga su gestión en otros asuntos de crisis interna", opinó el disidente Oscar Espinosa, excarcelado en 2004 por estar enfermo.
Agenda amplia
Ortega dejó entrever que el papel de la Iglesia irá más allá de la mediación, al recalcar que lo novedoso del encuentro con Raúl es que se habló sobre Cuba, sobre este momento y su futuro. En abril, el purpurado había advertido que Cuba está en una situación muy difícil, y que el aplazamiento de los cambios necesarios genera "impaciencia y malestar" en la población. Ortega resaltó que Raúl Castro les expresó su voluntad de encontrarse en otras ocasiones y seguir adelante. (AFP-NA)